
“Le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro”
Día litúrgico: Domingo VII (B) del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mc 2,1-12):
Entró de nuevo Jesús en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?».
Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’. Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice al paralítico—: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».
Reflexión

«Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro»
Esta frase puede resultar común en un relato cualquiera, pero en este caso si centramos la atención en cada uno de los personajes, podemos identificar tres aspectos que nos pueden hacer reflexionar respecto de nuestras vidas en relación con Dios.
En el paralítico nos podemos ver reflejados cada uno de nosotros, cuando estamos sumidos en el pecado podemos estar en la camilla del paralítico, ya que el pecado nos paraliza en nuestro camino hacia Dios. A veces, no nos damos cuenta o creemos que estamos bien como estamos, o que ya solucionaremos o pondremos en orden nuestras relaciones con Dios en otra oportunidad.
Los hombres que llevan la camilla sin duda son nuestros verdaderos amigos ello ven mi situación de pecado y quieren ayudarme para que me reconcilie con el Señor, necesitamos de estos amigos que con tenacidad venzan mi resistencia cueste lo que cueste como en el relato “abrieron el techo encima de donde Él estaba”(Mc,2 1-12.) imaginemos esa escena, polvo, ruido, gritos, pero nada de eso impide cumplir con su objetivo, acercar al paralítico (pecador) a Jesús (al perdón)
Para los verdaderos amigos no hay dificultades, ellos quieren lo mejor para quienes aman de veras. Me pregunto; ¿seremos amigos de verdad y nos esforzamos para llevar a quienes amamos a Dios?. No olvidemos que también ellos pondrán resistencia. ¿Soy realmente amigo? ¿Pueden confiar mis amigos en que les ayudaré a estar cerca de Jesús?
Jesús Viene a traernos la verdadera salvación, a liberarnos de la parálisis, viene a perdonarnos los pecados. ¿Ayudo a los otros a acercarse a la confesión? Jesús nos dejo la gracia del perdón, pero este perdón no llega por si solo se requiere de una decisión personal para acceder a esta gracia.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos lleva y nos da a Jesús: ¡que con su ayuda también nosotros llevemos a todos a Jesús!
Esta frase puede resultar común en un relato cualquiera, pero en este caso si centramos la atención en cada uno de los personajes, podemos identificar tres aspectos que nos pueden hacer reflexionar respecto de nuestras vidas en relación con Dios.
En el paralítico nos podemos ver reflejados cada uno de nosotros, cuando estamos sumidos en el pecado podemos estar en la camilla del paralítico, ya que el pecado nos paraliza en nuestro camino hacia Dios. A veces, no nos damos cuenta o creemos que estamos bien como estamos, o que ya solucionaremos o pondremos en orden nuestras relaciones con Dios en otra oportunidad.
Los hombres que llevan la camilla sin duda son nuestros verdaderos amigos ello ven mi situación de pecado y quieren ayudarme para que me reconcilie con el Señor, necesitamos de estos amigos que con tenacidad venzan mi resistencia cueste lo que cueste como en el relato “abrieron el techo encima de donde Él estaba”(Mc,2 1-12.) imaginemos esa escena, polvo, ruido, gritos, pero nada de eso impide cumplir con su objetivo, acercar al paralítico (pecador) a Jesús (al perdón)
Para los verdaderos amigos no hay dificultades, ellos quieren lo mejor para quienes aman de veras. Me pregunto; ¿seremos amigos de verdad y nos esforzamos para llevar a quienes amamos a Dios?. No olvidemos que también ellos pondrán resistencia. ¿Soy realmente amigo? ¿Pueden confiar mis amigos en que les ayudaré a estar cerca de Jesús?
Jesús Viene a traernos la verdadera salvación, a liberarnos de la parálisis, viene a perdonarnos los pecados. ¿Ayudo a los otros a acercarse a la confesión? Jesús nos dejo la gracia del perdón, pero este perdón no llega por si solo se requiere de una decisión personal para acceder a esta gracia.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos lleva y nos da a Jesús: ¡que con su ayuda también nosotros llevemos a todos a Jesús!



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