Oración


Recordemos nuestro compromiso de oración por un hermano Misionero.

domingo, 21 de diciembre de 2008

"Yo no soy el Mesías". "¿Quién eres,entonces?"

3º DOMINGO DE ADVIENTO



Lectura del santo Evangelio según san Jn 1,6-8. 19-28



Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz. Éste es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?" Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías". "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron. "¿Eres Elías?" Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?" "Tampoco", respondió. Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?" Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros hay alguien a quien no conocéis: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba.





Reflexion


El Evangelio del tercer Domingo de Adviento nos muestra la figura de Juan Bautista, el precursor. Juan gozaba de gran popularidad entre la gente sencilla del pueblo; pero, cuando le preguntan, él responde con humildad: «Yo no soy el Mesías...» (cf. Jn 1,21); «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí» (Jn 1,26-27). Jesucristo es Aquél a quien esperan; Él es la Luz que ilumina el mundo. Esta es una Buena Nueva que llena de sentido toda vida humana, porque nos ha sido comunicada por Dios mismo que se ha hecho hombre. Todo cristiano está llamado a mostrar a Jesucristo y a dar testimonio de su fe. Como discípulos de Cristo, estamos llamados a aportar el don de la luz. Más allá de esas palabras, el mejor testimonio, es y será el ejemplo de una vida consecuente con nuestra fe.
Hoy, en medio del Adviento, recibimos una invitación a la alegría y a la esperanza: «Estad siempre alegres y orad sin cesar. Dad gracias por todo» (1Tes 5,16-17). Es un buen momento para pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros y darle gracias.La alegría es una característica esencial de la fe. Sentirse amado y salvado por Dios es un gran gozo; sabernos hermanos de Jesucristo que ha dado su vida por nosotros es el motivo principal de la alegría cristiana. Un cristiano abandonado a la tristeza tendrá una vida espiritual debil, y no lograra ver todo lo que Dios ha hecho por él y, por tanto, será incapaz de darlo a conocer. La alegría cristiana brota de la acción de gracias, sobre todo por el amor que el Señor nos manifiesta.
Tengamos presente siempre estas palabras, "Yo no soy el Mesías". no sea que nuestro ego no nos permita mostrar el amor del Señor, al no disminuir nosotros para que brille la obra del Salvador.











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