Oración


Recordemos nuestro compromiso de oración por un hermano Misionero.

martes, 23 de septiembre de 2008

"Setenta veces Siete"

24º Domingo durante el año

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo: Se adelantó Pedro y dijo a Jesús: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?" Jesús le respondió: « No sólo siete veces, sino setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes" El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda". Pero él no quiso, sino que lo hizo encarcelar hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Éste lo mandó llamar y le dijo: "¡Malvado! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la tuve de ti?" E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con vosotros, si no perdonáis de corazón a vuestros hermanos».
Reflexion
Setenta veces Siete (Siempre…….)

Un Don nos ha sido regalado, a diferencia de los demás dones este no tenemos que pedirlo. El Señor lo derramo sobre nosotros con su muerte en la cruz, murió en manos de sus enemigos para darles el perdón y la vida eterna. Desde la cruz nos derrama esta gracia. ¿Cuantas veces debo perdonar a mi hermano? “Setenta veces siete”. Le responde Jesús.
¿Como entender esto…?

El perdón de Dios viene después del arrepentimiento o confesión de nuestra falta, es preciso tener la intención verdadera de querer enmendar nuestro pecado, ya que no podemos asegurar que nunca más volveremos a cometer la falta por la que nos estamos confesando. Por lo tanto lo primero es pedir perdón a quien hemos ofendido, luego poner todo de nuestra parte para no caer nuevamente en la falta, pretendiendo sacar provecho de las palabras de Jesús “Siempre” confiándonos en el inmenso amor de Dios quien tendrá misericordia infinita con los que le aman.

¿Será tan fácil?
Veamos, yo puedo perdonar a mi socio que me ha estafado y realmente me pide perdón, desea corregirse y reponer lo que ha robado, pero, si volviera a hacerlo una y otra vez, el perdón que me pidiera, por más auténtico que fuera, ¿significaría restituirle la confianza y ponerlo otra vez a cargo de mis bienes? ¿Eso no sería más bien imprudencia y estupidez? El marido o la mujer que engañan a su cónyuge, si piden perdón, lo o la perdonaré, sí y, aunque la herida que haya producido jamás dejará de sangrar, trataré de ocultarla en silencioso llanto y no reprocharle nunca más; intentaré, también, devolverle toda mi fe, pero ¿quién manejará mis sentimientos si no es al pasar de mucho tiempo? Y si vuelve a ser infiel una y otra vez ¿será posible en materia tan grave configurarse en la calidad y cantidad del perdón de Dios? O mejor: ¿qué significaría allí perdón? Y, si se ha ido, y, luego, pide perdón y quiere volver, y lo hace una y otra vez, perdonar ¿significará siempre dejarlo que regrese a mi? ¿'Setenta veces siete' no sería ya complicidad? si no es puro martirio por el bien de los hijos. ¿A qué nivel y en qué ámbitos y de qué manera Jesús nos está diciendo “setenta veces siete”. Y ¿qué significa perdonar no a aquel que a mí me ofende -como pregunta Pedro- sino al que daña, a mi familia, a mis hijos, a mi Iglesia. O, no a mi corazón, sino a mi honor, a mis convicciones, a la fe que profeso, y tanto más cuando no piden perdón. O ¿cómo perdonar al que no pide perdón por él, sino al que pide perdón por supuestos pecados de los demás, a lo mejor muertos, a lo mejor que jamás pedirían perdón por cosas de las cuales no tenían porqué pedir perdón y más bien enorgullecerse?
Vean que, en realidad, de alguna manera algo de esto se utiliza en la praxis del confesionario, lugar por excelencia donde funciona el perdón de Dios, modelo de todo perdón. El sacerdote no puede dar la absolución así nomás. Por ejemplo: no le podría dar la absolución a uno que no pide perdón o estuviera cómodamente instalado en su ofensa o su pecado y, menos, burlándose de Dios y de la Iglesia.

Pero aún el que viene a pedir que se lo absuelva debe reunir una serie de condiciones para poder ser perdonado. No solo tiene que estar sinceramente arrepentido de su falta sino que, cuando cabe, debe prometer restituir o reparar el daño causado y, ciertamente, enmendarse y tener el propósito resuelto de no volver a pecar, y, además, cumplir la penitencia. Si no se dan todos estos requisitos el sacerdote ha de negarle la absolución, no porque él sea quien la niegue, sino porque le es imposible hacerlo, ya que aunque pronunciara la fórmula ritual -"Yo te absuelvo de tus pecados"- esta rebotaría en el que se confiesa sin dichas disposiciones. Sería una falsa absolución. Un imposible e inválido perdón.
Entendiendo esto podremos poner en practica esta parábola “Setenta veces Siete” teniéndola presente en nuestra diaria oración del Padre Nuestro; “….perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos al que nos ofende….”

Iván Alarcón
Fuente: Sermones del TIEMPO DURANTE EL AÑO Pbro. Gustavo E. PODESTÁ

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